Por que nos resulta dificil poner fin a una relacion que nos produce dolor?
Una vez iniciadas, ¿por qu茅 resulta tan dif铆cil poner fin a estas relaciones, dejar a esa persona que nos est谩 arrastrando por todos los pasos dolorosos de esa danza destructiva?
Hay una regla emp铆rica que dice as铆: cuanto m谩s dif铆cil es poner fin a una relaci贸n que es mala para nosotros, m谩s elementos de nuestra lucha infantil contiene.
Cuando amamos demasiado es porque tratamos de vencer los viejos miedos, enojos, frustraciones y dolores de la ni帽ez, y darse por vencido es renunciar a una valios铆sima oportunidad; de encontrar alivio y de rectificar lo que hemos hecho mal.
Si bien estos son los fundamentos psicol贸gicos inconscientes que explican nuestro impulso de estar con 茅l a pesar del dolor, hacen poca justicia a la intensidad de nuestra experiencia consciente.
Ser铆a dif铆cil exagerar la pura carga emocional que este tipo de relaci贸n, una vez iniciada, acarrea para la mujer involucrada.
Cuando ella intenta separarse de la relaci贸n con el hombre a quien ama demasiado, siente como si miles de voltios de energ铆a dolorosa fluyeran a toda velocidad y salieran por los extremos cercenados de los mismos. La antigua sensaci贸n de vac铆o renace y se arremolina a su alrededor, arrastr谩ndola hacia el lugar donde a煤n pervive su terror infantil a estar sola, y ella est谩 segura de que se ahogar谩 en el dolor.
Esta clase de carga-las chispas, la atracci贸n, el impulso de estar con esa otra persona y de hacer que la relaci贸n funcione- no est谩 presente en la misma medida en las relaciones m谩s saludables y satisfactorias, porque no representan todas las posibilidades de saldar viejas cuentas y de prevalecer sobre lo que alguna vez fue abrumador.
Esta emocionante posibilidad de rectificar viejos errores, de recuperar el amor perdido y de ganar una aprobaci贸n reprimida es lo que, para las mujeres que aman demasiado, constituye la atracci贸n inconsciente que subyace al hecho de enamorarse.
Es tambi茅n por eso que, cuando entran en nuestra vida hombres que se interesan por nuestro bienestar, nuestra felicidad y nuestra realizaci贸n personal y que presentan la verdadera posibilidad de una relaci贸n sana, por lo general no nos interesan.
Y no nos equivoquemos; esa clase de hombres s铆 entran en nuestra vida.
Cada una de mis pacientes que ha amado demasiado ha podido recordar por lo menos a uno, y a menudo a varios hombres que describieron como “ realmente agradables…tan amables…de verdad se preocupaban por m铆..”
Entonces, por lo general, viene la sonrisa ir贸nica y la pregunta:
”¿Porqu茅 no me qued茅 con 茅l?”.
A menudo ella es capaz de responder a su propia pregunta enseguida:
“Por alguna raz贸n nunca me entusiasm贸 tanto. Supongo que es demasiado agradable,¿no?”
Una respuesta mejor ser铆a que las acciones de 茅l y nuestras reacciones, sus movimientos y aquellos con que nosotros los correspondimos, no conformaban un d煤o perfecto.
Si bien estar en compa帽铆a de 茅l puede resultarnos agradable, sedante e interesante, nos cuesta considerar esa relaci贸n como algo importante y digno de desarrollarse en un nivel m谩s serio.
A los hombres as铆 los dejamos de inmediato o los ignoramos, o , en el mejor de los casos, los relegamos a la categor铆a de “s贸lo amigos”, porque no despertaron en nosotras los latidos intensos del coraz贸n ni el nudo en el est贸mago que hemos llegado a llamar amor.
A veces estos hombres permanecen en la categor铆a de “amigos” durante muchos a帽os; se re煤nen con nosotras de vez en cuando para beber algo y secar nuestras l谩grimas mientras les relatamos la 煤ltima traici贸n, ruptura o humillaci贸n de nuestra relaci贸n actual.
Esa clase de hombres compasivos y comprensivos no nos pueden ofrecer el drama, el dolor o la tensi贸n que nos parecen tan estimulantes y correctos.
Eso se debe a que , para nosotras, lo que debiera hacernos sentir mal ha llegado a hacernos sentir bien y lo que debiera parecernos bueno ha llegado a parecernos extra帽o, sospechoso e inc贸modo.
Hemos aprendido, a trav茅s de una prolongada y estrecha asociaci贸n, a preferir el dolor.
Un hombre m谩s sano y cari帽oso no puede tener un papel importante en nuestra vida hasta que aprendamos a liberarnos de la necesidad de revivir una y otra vez la vieja lucha.
Texto estraido del libro: Mujeres que aman demasiado
Una vez iniciadas, ¿por qu茅 resulta tan dif铆cil poner fin a estas relaciones, dejar a esa persona que nos est谩 arrastrando por todos los pasos dolorosos de esa danza destructiva?
Hay una regla emp铆rica que dice as铆: cuanto m谩s dif铆cil es poner fin a una relaci贸n que es mala para nosotros, m谩s elementos de nuestra lucha infantil contiene.
Cuando amamos demasiado es porque tratamos de vencer los viejos miedos, enojos, frustraciones y dolores de la ni帽ez, y darse por vencido es renunciar a una valios铆sima oportunidad; de encontrar alivio y de rectificar lo que hemos hecho mal.
Si bien estos son los fundamentos psicol贸gicos inconscientes que explican nuestro impulso de estar con 茅l a pesar del dolor, hacen poca justicia a la intensidad de nuestra experiencia consciente.
Ser铆a dif铆cil exagerar la pura carga emocional que este tipo de relaci贸n, una vez iniciada, acarrea para la mujer involucrada.
Cuando ella intenta separarse de la relaci贸n con el hombre a quien ama demasiado, siente como si miles de voltios de energ铆a dolorosa fluyeran a toda velocidad y salieran por los extremos cercenados de los mismos. La antigua sensaci贸n de vac铆o renace y se arremolina a su alrededor, arrastr谩ndola hacia el lugar donde a煤n pervive su terror infantil a estar sola, y ella est谩 segura de que se ahogar谩 en el dolor.
Esta clase de carga-las chispas, la atracci贸n, el impulso de estar con esa otra persona y de hacer que la relaci贸n funcione- no est谩 presente en la misma medida en las relaciones m谩s saludables y satisfactorias, porque no representan todas las posibilidades de saldar viejas cuentas y de prevalecer sobre lo que alguna vez fue abrumador.
Esta emocionante posibilidad de rectificar viejos errores, de recuperar el amor perdido y de ganar una aprobaci贸n reprimida es lo que, para las mujeres que aman demasiado, constituye la atracci贸n inconsciente que subyace al hecho de enamorarse.
Es tambi茅n por eso que, cuando entran en nuestra vida hombres que se interesan por nuestro bienestar, nuestra felicidad y nuestra realizaci贸n personal y que presentan la verdadera posibilidad de una relaci贸n sana, por lo general no nos interesan.
Y no nos equivoquemos; esa clase de hombres s铆 entran en nuestra vida.
Cada una de mis pacientes que ha amado demasiado ha podido recordar por lo menos a uno, y a menudo a varios hombres que describieron como “ realmente agradables…tan amables…de verdad se preocupaban por m铆..”
Entonces, por lo general, viene la sonrisa ir贸nica y la pregunta:
”¿Porqu茅 no me qued茅 con 茅l?”.
A menudo ella es capaz de responder a su propia pregunta enseguida:
“Por alguna raz贸n nunca me entusiasm贸 tanto. Supongo que es demasiado agradable,¿no?”
Una respuesta mejor ser铆a que las acciones de 茅l y nuestras reacciones, sus movimientos y aquellos con que nosotros los correspondimos, no conformaban un d煤o perfecto.
Si bien estar en compa帽铆a de 茅l puede resultarnos agradable, sedante e interesante, nos cuesta considerar esa relaci贸n como algo importante y digno de desarrollarse en un nivel m谩s serio.
A los hombres as铆 los dejamos de inmediato o los ignoramos, o , en el mejor de los casos, los relegamos a la categor铆a de “s贸lo amigos”, porque no despertaron en nosotras los latidos intensos del coraz贸n ni el nudo en el est贸mago que hemos llegado a llamar amor.
A veces estos hombres permanecen en la categor铆a de “amigos” durante muchos a帽os; se re煤nen con nosotras de vez en cuando para beber algo y secar nuestras l谩grimas mientras les relatamos la 煤ltima traici贸n, ruptura o humillaci贸n de nuestra relaci贸n actual.
Esa clase de hombres compasivos y comprensivos no nos pueden ofrecer el drama, el dolor o la tensi贸n que nos parecen tan estimulantes y correctos.
Eso se debe a que , para nosotras, lo que debiera hacernos sentir mal ha llegado a hacernos sentir bien y lo que debiera parecernos bueno ha llegado a parecernos extra帽o, sospechoso e inc贸modo.
Hemos aprendido, a trav茅s de una prolongada y estrecha asociaci贸n, a preferir el dolor.
Un hombre m谩s sano y cari帽oso no puede tener un papel importante en nuestra vida hasta que aprendamos a liberarnos de la necesidad de revivir una y otra vez la vieja lucha.
Texto estraido del libro: Mujeres que aman demasiado
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