El deseo no es apego
"Querer algo con todas las fuerzas no es malo, convertirlo en imprescindible, s铆 lo es. Tener deseo no es estar apegado. Pero cuando no puedes dejar de tener lo que deseas, el sexo, el amor de tu pareja, la adulaci贸n o admiraci贸n de la misma, entonces no lo tienes bajo control, es adicci贸n. Una persona apegada nunca estar谩 preparada para la perdida, no entiende la vida sin su fuente de seguridad o placer. Si hay s铆ndrome de abstinencia, hay apego. Y detr谩s de todo apego est谩 el miedo. Y el miedo esta originado por algo mas que aun est谩 detr谩s. Si tienes miedo a deprimirte cuando te quedas solo, estar谩s apegado a quien te haga compa帽铆a. " Walter Riso.
"Querer algo con todas las fuerzas no es malo, convertirlo en imprescindible, s铆 lo es. Tener deseo no es estar apegado. Pero cuando no puedes dejar de tener lo que deseas, el sexo, el amor de tu pareja, la adulaci贸n o admiraci贸n de la misma, entonces no lo tienes bajo control, es adicci贸n. Una persona apegada nunca estar谩 preparada para la perdida, no entiende la vida sin su fuente de seguridad o placer. Si hay s铆ndrome de abstinencia, hay apego. Y detr谩s de todo apego est谩 el miedo. Y el miedo esta originado por algo mas que aun est谩 detr谩s. Si tienes miedo a deprimirte cuando te quedas solo, estar谩s apegado a quien te haga compa帽铆a. " Walter Riso.
Hay varios tipos de apego. Tenemos en primer lugar el apego al h谩bito de buscar gratificaci贸n sensual. Un adicto se droga porque desea experimentar la sensaci贸n agradable que la droga le produce, a sabiendas de que haci茅ndolo refuerza su adicci贸n. De la misma forma somos adictos a la condici贸n de desear, tan pronto satisfacemos un deseo, generamos otro. El objeto es secundario, el hecho es que tratamos de mantenernos en un estado constante de deseo porque nos produce una sensaci贸n agradable que queremos prolongar.
Desear se convierte en un h谩bito que no podemos romper, en una adicci贸n, y de la misma manera que un toxic贸mano va desarrollando gradualmente tolerancia hacia la droga elegida y cada vez necesita una dosis mayor para intoxicarse, nuestros deseos se aprestan a robustecerse cuanto m谩s tratamos de satisfacerlos. As铆 nunca ponemos fin al deseo, y, en tanto sigamos deseando, no podremos ser felices.
Otro gran apego es el «yo», el ego, la imagen que tenemos de nosotros mismos. Para cada uno, ese «yo» es la persona m谩s importante del mundo. Nos comportamos como un im谩n rodeado de limaduras de hierro que autom谩ticamente las ordenar谩 en torno a s铆 mismo. Tratamos instintivamente, con la misma falta de reflexi贸n, de ordenar el mundo con arreglo a nuestro gusto, buscando atraer lo agradable y repeler lo desagradable. Pero nadie est谩 solo en el mundo, cada «yo» est谩 abocado a entrar en conflicto con otro «yo». El modelo que cada cual intenta crear se ve perturbado por los campos magn茅ticos de los otros, e incluso nosotros mismos llegamos a convertirnos en objetos de atracci贸n o repulsi贸n. El resultado no puede ser otro que infelicidad, sufrimiento.
Adem谩s, no limitamos el apego al «yo», sino que lo ampliamos a lo «m铆o», a lo que nos pertenece. Todo el mundo desarrolla un gran apego a sus posesiones, porque las asocia consigo mismo, porque sustentan la imagen de su «yo». Este apego no nos causar铆a problemas si lo que llamamos «m铆o» fuese eterno y el «yo» durase eternamente para disfrutarlo. Pero lo cierto es que, tarde o temprano, el «yo» se separa de lo «m铆o»; ese momento no tiene m谩s remedio que llegar y, cuando llegue, el sufrimiento ser谩 tanto m谩s grande cuanto mayor sea el apego al «m铆o».
Pero el apego todav铆a va m谩s lejos, se extiende a las opiniones y creencias. No importa cual sea su contenido, no importa si son correctas o err贸neas, si estamos apegados a ellas, con toda certeza nos har谩n infelices.
Todos estamos convencidos de que nuestro criterio y tradiciones son 贸ptimos y nos sentimos trastornados cuando o铆mos que los critican. Nos trastornamos de nuevo si intentamos explicarlos y no nos los aceptan, pues no acertamos a reconocer que cada persona tiene sus propias creencias. Es de todo punto f煤til discutir sobre qu茅 opini贸n es la correcta, ser铆a mucho m谩s provechoso desechas todas las ideas preconcebidas y tratar de ver la realidad, pero nuestro apego a los puntos de vista nos impide hacerlo, manteni茅ndonos en un estado de infelicidad.
Nos queda, por 煤ltimo, el apego a los formalismos y ceremonias religiosas. Tenemos tendencia a enfatizar las expresiones externas de la religi贸n en detrimento de su significado fundamental y a pensar que quien no realiza esas ceremonias no puede ser una persona verdaderamente religiosa. Olvidamos que, sin su esencia, el aspecto formal de la religi贸n es una c谩scara vac铆a. La piedad en los rezos o en la realizaci贸n de ceremonias no tiene ning煤n valor si la mente sigue llena de ira, pasi贸n y malevolencia. Para ser de verdad religiosos, debemos desarrollar el talante religioso: pureza de coraz贸n, amor y compasi贸n por todos. Pero nuestro apego a las formas externas de la religi贸n nos lleva a conceder m谩s importancia a la letra que al esp铆ritu. Olvidamos la esencia de la religi贸n y as铆 seguimos siendo desgraciados.
Todos nuestros sufrimientos, sean cuales sean, van asociados a uno u otro de estos apegos. Apego y sufrimiento van indisolublemente unidos.
William Hart
(Extracto de "La Vipassana. El Arte de la Meditaci贸n Budista", Edaf, Madrid 1994)
Fuente:http://www.de2haz1.com/v2/lecturas/claves-para-la-vida/el-apego/
Desear se convierte en un h谩bito que no podemos romper, en una adicci贸n, y de la misma manera que un toxic贸mano va desarrollando gradualmente tolerancia hacia la droga elegida y cada vez necesita una dosis mayor para intoxicarse, nuestros deseos se aprestan a robustecerse cuanto m谩s tratamos de satisfacerlos. As铆 nunca ponemos fin al deseo, y, en tanto sigamos deseando, no podremos ser felices.
Otro gran apego es el «yo», el ego, la imagen que tenemos de nosotros mismos. Para cada uno, ese «yo» es la persona m谩s importante del mundo. Nos comportamos como un im谩n rodeado de limaduras de hierro que autom谩ticamente las ordenar谩 en torno a s铆 mismo. Tratamos instintivamente, con la misma falta de reflexi贸n, de ordenar el mundo con arreglo a nuestro gusto, buscando atraer lo agradable y repeler lo desagradable. Pero nadie est谩 solo en el mundo, cada «yo» est谩 abocado a entrar en conflicto con otro «yo». El modelo que cada cual intenta crear se ve perturbado por los campos magn茅ticos de los otros, e incluso nosotros mismos llegamos a convertirnos en objetos de atracci贸n o repulsi贸n. El resultado no puede ser otro que infelicidad, sufrimiento.
Adem谩s, no limitamos el apego al «yo», sino que lo ampliamos a lo «m铆o», a lo que nos pertenece. Todo el mundo desarrolla un gran apego a sus posesiones, porque las asocia consigo mismo, porque sustentan la imagen de su «yo». Este apego no nos causar铆a problemas si lo que llamamos «m铆o» fuese eterno y el «yo» durase eternamente para disfrutarlo. Pero lo cierto es que, tarde o temprano, el «yo» se separa de lo «m铆o»; ese momento no tiene m谩s remedio que llegar y, cuando llegue, el sufrimiento ser谩 tanto m谩s grande cuanto mayor sea el apego al «m铆o».
Pero el apego todav铆a va m谩s lejos, se extiende a las opiniones y creencias. No importa cual sea su contenido, no importa si son correctas o err贸neas, si estamos apegados a ellas, con toda certeza nos har谩n infelices.
Todos estamos convencidos de que nuestro criterio y tradiciones son 贸ptimos y nos sentimos trastornados cuando o铆mos que los critican. Nos trastornamos de nuevo si intentamos explicarlos y no nos los aceptan, pues no acertamos a reconocer que cada persona tiene sus propias creencias. Es de todo punto f煤til discutir sobre qu茅 opini贸n es la correcta, ser铆a mucho m谩s provechoso desechas todas las ideas preconcebidas y tratar de ver la realidad, pero nuestro apego a los puntos de vista nos impide hacerlo, manteni茅ndonos en un estado de infelicidad.
Nos queda, por 煤ltimo, el apego a los formalismos y ceremonias religiosas. Tenemos tendencia a enfatizar las expresiones externas de la religi贸n en detrimento de su significado fundamental y a pensar que quien no realiza esas ceremonias no puede ser una persona verdaderamente religiosa. Olvidamos que, sin su esencia, el aspecto formal de la religi贸n es una c谩scara vac铆a. La piedad en los rezos o en la realizaci贸n de ceremonias no tiene ning煤n valor si la mente sigue llena de ira, pasi贸n y malevolencia. Para ser de verdad religiosos, debemos desarrollar el talante religioso: pureza de coraz贸n, amor y compasi贸n por todos. Pero nuestro apego a las formas externas de la religi贸n nos lleva a conceder m谩s importancia a la letra que al esp铆ritu. Olvidamos la esencia de la religi贸n y as铆 seguimos siendo desgraciados.
Todos nuestros sufrimientos, sean cuales sean, van asociados a uno u otro de estos apegos. Apego y sufrimiento van indisolublemente unidos.
William Hart
(Extracto de "La Vipassana. El Arte de la Meditaci贸n Budista", Edaf, Madrid 1994)
Fuente:http://www.de2haz1.com/v2/lecturas/claves-para-la-vida/el-apego/
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