La Necesidad de Tener Razon

"¿Queremos tener la raz贸n o queremos ser felices? Cuando sabemos qui茅nes somos, ya no necesitamos sacar u帽as y dientes para defendernos. Por ejemplo, s铆 somos altos y nos insultan por chaparros, no podemos sentirnos agraviados porque no tienen que ver con nuestra realidad. Igualmente con las partes m谩s fr谩giles de nuestra personalidad no tenemos que engancharnos cuando un comentario toca una herida, hay que dejarlo pasar. Vivir en batalla no garantiza vencer. ¿Cu谩ntas amistades, relaciones, negocios, clientes, colegas hemos perdido en nombre de querer tener la raz贸n? ¿Hasta d贸nde es importante convencer a los dem谩s y hacer valer nuestra opini贸n? y ¿Hasta d贸nde nuestra ceguera s贸lo distingue una discusi贸n como algo de vida o muerte?"






Enumeremos r谩pidamente y sin demasiados detalles las situaciones diarias en nuestra convivencia donde comenzamos con una inocente charla que en un rato se torna en una pl谩tica subida de tono hasta terminar en una abierta discusi贸n. El n煤mero que obtengamos de este listado, adem谩s de tener doble d铆gito, nos indica que estamos acostumbrados a vivir en ambientes de debate, pleito, arrebatos de palabra e interrupciones para pelear por ganar una discusi贸n. Nuestra cotidianidad generar estr茅s por el desgaste y agotamiento que requiere el sostener un combate ideol贸gico constante. Cada vez que se presenta una disputa para lograr ser quien aporta la mejor opini贸n nos mantenemos en tensi贸n.

Somos tan vers谩tiles que abarcamos desde trivialidades hasta temas prohibidos y complejos como la pol铆tica, religi贸n y sexo para sacar nuestras armas letales y acribillar hasta las 煤ltimas consecuencias a nuestro rival en la lucha por tener la raz贸n.

Es como si el tiempo transcurriera en vano, ayer 茅ramos los ni帽os frente a la maestra levantando la mano para responder correctamente y hoy somos esos mismos ni帽os en salas de juntas tratando de impresionar al jefe d谩ndole el dato o la informaci贸n adecuada durante la reuni贸n. En ambos casos, nuestra actitud es una pena pues no hay aprendizaje, pero en el caso de la escuela podemos argumentar que as铆 eran las reglas, en cambio, ahora que estamos supuestamente m谩s maduritos ¿c贸mo es posible que le permitamos a nuestro desesperado ego inflarse a costa de evidenciar la ignorancia de los compa帽eros y dejar en claro nuestra supuesta superioridad? Algo anda mal.

¿Qu茅 es eso de levantar la mano para dar respuestas correctas? La vida no es un examen. Vaya adopci贸n de conductas del condicionamiento educativo que elegimos perpetuar. Por el contrario ¿cu谩ntos hemos tenido el valor para levantarnos a preguntar lo que no sabemos 贸 no entendemos?, ¿cu谩ntos promovemos un aprendizaje que nos lleve a formular mejores preguntas para ampliar nuestra visi贸n?

Hoy por hoy en nuestra cultura la competitividad tiene un papel protag贸nico causando que nuestro sistema de creencias arraigue ideas confusas como: “ser el primero”, “contestar bien” 贸 “estar en lo correcto” sean lo 煤nico v谩lido para obtenemos reconocimiento externo. No hemos reflexionado sobre las implicaciones que tienen tantos desgastes al sometemos y esclavizarnos a atender dichas premisas por necesidad o necedad.

Querer tener la raz贸n a toda costa genera un impacto en nuestras vidas nada positivo, sin embargo ¿por qu茅 es tan importante continuar persiguiendo el veredicto de “la raz贸n” frente al otro? Sencillo. El pensamiento, cuya estrechez mental todav铆a concibe la vida en polaridad: lo bueno y lo malo; blanco y negro; ganador y perdedor; acierto y error, 煤nicamente tiene la posibilidad determinista que; si t煤 est谩s bien, entonces, yo estoy mal y eso no lo puedo permitir.

Admitir que estoy mal, no es sin贸nimo de cometer una equivocaci贸n sino que implica que yo c贸mo persona estoy mal, o sea yo soy malo, o yo soy defectuoso. Admitir lo anterior es duro pues atenta contra nuestra integridad conect谩ndonos con nuestra profunda verg眉enza. De ah铆 que escogemos seguridad por encima de la evoluci贸n. Preferimos engancharnos con los juicios que condenan, deval煤an, sentencian para provocar que el otro est茅 mal y yo bien, porque as铆, fantaseo que me apruebas y que soy bueno.

Bajo esta codependencia social las preguntas son ¿c贸mo transformar nuestra necedad de combatir en las discusiones por una apertura mental que nos ayude a trascender?, ¿c贸mo transformar nuestra necesidad de autoafirmaci贸n sin destruir al otro? Lo primero es cambiar el sentido de competir por el de compartir. Necesitamos fomentar el respeto por nosotros y por los dem谩s. Hacer un llamado a nuestra tolerancia para considerar que ambos podemos tener puntos de vista antag贸nicos sin que ninguno posea la verdad absoluta, as铆 dejaremos de estar al pendiente de no equivocarnos 贸 contestar algo incorrecto.

Robert T. Kiyosaki en su libro Padre rico, padre pobre dice: “Alguien que critica y no analiza, permite que sus dudas y miedos cierren su mente en vez de abrir sus ojos”. Podemos elegir disminuir nuestro cinismo lleno de cr铆tica, podemos quitarle fuerza a nuestra ignorancia, podemos cambiar la violencia de nuestros ataques para permitir que nuestra sabidur铆a haga una pausa y busque caminos nuevos. Nuestra mente puede ser tan ilimitada o estrecha c贸mo decidamos.

Es buen momento para encontrar respuestas diferentes como crear un par茅ntesis en la discusi贸n que nos ayude a integrar y digerir la informaci贸n nueva para reflexionar c贸mo incorporarla a nuestra ideolog铆a sin que disparemos flechas de agresi贸n que refutan cualquier argumento.

Ser铆a genial cambiar el boliche por el ping pong en los debates. En lugar de ir con la pesada bola que derriba todos los pinos, abrir una mesa de ping pong con una ligera pelota de ideas que permita el intercambio. Ser铆a tambi茅n maravilloso responsabilizarnos y no reaccionar. No darle importancia si es nuestro jefe, nuestro colega o nuestra pareja, no necesitamos hacer picadillo sus ideas pese a que nos sintamos atacados, podemos confiar en nuestra inteligencia y mantenernos en el compartir ideol贸gico libre de provocaci贸n.

¿Queremos tener la raz贸n o queremos ser felices? Cuando sabemos qui茅nes somos, ya no necesitamos sacar u帽as y dientes para defendernos. Por ejemplo, s铆 somos altos y nos insultan por chaparros, no podemos sentirnos agraviados porque no tienen que ver con nuestra realidad. Igualmente con las partes m谩s fr谩giles de nuestra personalidad no tenemos que engancharnos cuando un comentario toca una herida, hay que dejarlo pasar. Vivir en batalla no garantiza vencer.
¿Cu谩ntas amistades, relaciones, negocios, clientes, colegas hemos perdido en nombre de querer tener la raz贸n? ¿Hasta d贸nde es importante convencer a los dem谩s y hacer valer nuestra opini贸n? y ¿Hasta d贸nde nuestra ceguera s贸lo distingue una discusi贸n como algo de vida o muerte?

Nuestra conciencia hoy m谩s que nunca tiene la capacidad para hacer a un lado los sentimientos de fracaso e inferioridad. Nosotros podemos cambiar nuestra cultura, costumbres e ideolog铆a. Orient茅mosla a la cooperatividad lejos de la competitividad, unidos podemos darnos el regalo de que sea nuestra grandeza, la que deja huella.

Fuente:http://www.mundoejecutivonews.com/index.php?option=com_content&view=article&id=653:necedad-o-necesidad-de-tener-la-razon&catid=108:opinion&Itemid=291



Comentarios

Unknown ha dicho que…
Espectacular, me encanta, pones palabras a mi vida reciente. Gracias