El mayor obst谩culo en el camino de la ascensi贸n espiritual es el ego. Este se basa en la personalidad. Desea controlar y lo hace, todas nuestras acciones. Este ego no quiere entregarse y contempla la paz como su enemigo y el conflicto como su aliado.
El problema es que nos identificamos con nuestro ego y creemos que decidimos, pero es el qui茅n decide por nosotros. Y mientras estemos identificados con 茅l o con nuestro yo corporal y aceptamos que estamos limitados por lo que percibimos en el mundo f铆sico, no podemos experimentar nuestra verdadera realidad, nuestro yo espiritual.
Si estamos dispuestos a liberarnos de nuestro ego, entonces corregiremos nuestras percepciones.
A trav茅s de los ojos de ego creemos que Dios esta fuera de nosotros y que nos castiga por nuestros errores.
Podemos definir al ego como nuestro yo inferior o nuestra personalidad. Es parte de nuestra mente que est谩 separada o disociada de nuestra mente espiritual, que es la que contiene solamente los pensamientos amorosos de Dios.
El lema favorito del ego es “Busca que no encontrar谩s jam谩s lo que buscas”. Se preocupa por generarnos juicios condenatorios, pensamientos de ataque y defensa y es un maestro de la decepci贸n. Su objetivo principal es controlarlo todo y creer que as铆 todo est谩 bien.
Sus cimientos se hunden en la duda y en la incertidumbre, raz贸n por la que es ambiguo y ambivalente respecto a todo. Se caracteriza por la complejidad y por la confusi贸n en vez de por la sencillez.
El mundo del ego es un mundo de placer-dolor que para la mayor parte de nosotros, contiene mucho m谩s de dolor que de placer.
La separaci贸n es su juego, por lo que hay que pensar primero en uno, consiguiendo y acaparando todo lo que se pueda pretender.
Los celos, la posesividad y el rechazo forman el n煤cleo de su existencia. El ego no tiene la menor duda de que el centro del universo es 茅l.
Visto a trav茅s de los ojos del ego, mi identidad depende de las opiniones y juicios que los dem谩s tienen de m铆, al igual que lo que los juicios y opiniones que yo tengo sobre m铆 mismo. Mi identidad actual es vista como una prolongaci贸n de mi pasado.
La atracci贸n del ego por la culpa solo puede ser plenamente comprendida si se considera la naturaleza de la percepci贸n. Porque es el modo en que vemos el mundo que nos rodea el que determina nuestra forma de reaccionar ante el mismo. Y es nuestra percepci贸n la que nos dice lo que vemos, bas谩ndose en las interpretaciones y en las evaluaciones de lo que suministran nuestros sentidos. Cada uno de nosotros ve al mundo de manera diferente seg煤n cuales sean nuestras necesidades individuales, nuestros deseos, nuestras experiencias pasadas y nuestras creencias actuales.
Nuestras percepciones son en realidad proyecciones de pensamientos que se originan en nuestra propia mente. Puesto que siempre miramos hacia adentro antes de mirar hacia fuera, lo que vemos es nuestro propio estado mental que se refleja hacia el exterior.
La percepci贸n es una elecci贸n y no un hecho. Nuestras percepciones est谩n fragmentadas, solo vemos min煤sculas porciones de cualquier situaci贸n, y nunca la totalidad. Lo que creemos que es verdad solo es nuestra propia interpretaci贸n y evaluaci贸n de lo que percibimos. Y esto es lo que provoca dificultades y desacuerdos entre las personas.
Tenemos dos voces siempre ante cualquier curso a tomar. La voz del ego y la voz de nuestro profundo ser, ser verdadero, Dios, el maestro interno o como queramos llamarle. La voz del ego nos confunde, creemos que es la nuestra pero no lo es. Nuestra verdadera voz es la segunda y es menos audible por la invasi贸n del ego. Tenemos que relajarnos y buscarla un poco, y surgir谩, es m谩s del coraz贸n que de la mente. Una corazonada que debemos seguir.
Nuestro ego dispone de un buen conjunto de im谩genes mentales que se basan en nuestras percepciones pasadas de culpa y miedo que determinan lo que creemos que queremos en el momento presente.
Nuestro ego nos enga帽a haci茅ndonos creer que estamos tomando decisiones completamente nuevas cada d铆a, cuando en realidad en otro nivel nos dice que tengamos cuidado, que somos vulnerables y que las experiencias dolorosas del pasado pueden volver a repetirse.
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Para sobrevivir, el ego nos dice que tenemos que buscar en nosotros la culpa y en los dem谩s, y esta preocupaci贸n sobre quien es culpable y quien inocente es la base de nuestro proceso de toma de decisiones.
La proyecci贸n es el mecanismo mediante el cual rechazamos las responsabilidades y externalizamos los pensamientos o sentimientos que estamos experimentando, como la culpa, haciendo que alguien sea responsable de ellos. Ese alguien puedo ser nuestro c贸nyuge, un compa帽ero de trabajo, nuestros padres, nuestros hijos, el presidente, un inspector de cualquier cosa, o cualquiera que juegue un rol en nuestra vida.
Decimos que si ellos se hubieran comportado de otro modo, nosotros no tendr铆amos las dificultades que estamos teniendo.
Es un hecho psicol贸gico que cuando mantenemos la culpa tratamos de manejarla, ya sea atac谩ndonos a nosotros mismos (lo que se suele expresar en forma de s铆ntomas de depresi贸n o enfermedad f铆sica) o proyecci贸n de la culpa en los dem谩s.
Vivir atado a la culpa, que es generada por el ego, tiene entre otras las siguientes consecuencias:
- Hace que nos sintamos atacados.
- Justifica nuestros sentimientos de ira.
- Hace que nos sintamos deprimidos.
- Destruye nuestra sensaci贸n de paz.
- Hace que nos sintamos sin amor
-Destruye nuestra confianza y autoestima.
Todo esto ha sido experimentado por mi y reci茅n ahora me doy cuenta como funciona, como es el juego del ego que me ten铆a dominado y no me percataba. Decid铆a por m铆 y no lo sab铆a, pese a que alguien me lo dec铆a, no era conciente. ¿Ven que dif铆cil y sutil enemigo tenemos adentro?
S贸lo hay un ant铆doto conocido frente a la culpa: un perd贸n completo, comenzando por nosotros mismos y extendi茅ndolo a todos los que comparten el mundo con nosotros.
El ego mira al perd贸n de modo ambivalente. Nos aconsejo que perdonemos pero no olvidemos. La falta de perd贸n es la raz贸n de ser del ego. Contin煤a justificando que hagamos juicios condenatorios porque su supervivencia depende de que tengamos una creencia mas firme en la realidad de la culpa, que en la del perd贸n.
Descubro que la 煤nica manera de mantenerme en paz y feliz es mantenerme en el presente, perdonando. Esta vigilancia demuestra que el perd贸n es la llave para ver el mundo de manera diferente.
Perdonar es dejar pasar las cosas, dejar que el incidente pase. Hay que dejar de criticar y hacer reproches.
Tenemos que abandonar, soltar como lastre nuestros planes y dejar que Dios, el Universo o como queramos nombrarle, asuma el control. Todo nos sucede seg煤n un plan divino, y es el que debemos adaptar como el plan y no los nuestros.
Todo nos sucede de acuerdo a ese Plan y nos ense帽a una lecci贸n que debemos aprender.
Cada decisi贸n que nosotros hacemos en nuestra vida supone elegir a partir del sistema de pensamiento del ego o del sistema de pensamiento del amor.
Al ego le gusta aumentar nuestras dudas y su voz quiere ser escuchada primero.
Intenta convencernos de que no nos arriesguemos a escuchar la voluntad de Dios porque tal vez no nos guste la respuesta. Yo he experimentado este error muchas veces.
El juego de la incertidumbre y el miedo es el juego del ego.
Con frecuencia nos encontramos atrapados en la racionalizaci贸n de que ser铆amos felices si la voluntad de Dios coincidiera con la nuestra.
Esto quiere decir que ya s茅 la repuesta que deseo por lo que no preguntar茅.
Es otra trampa. Hay que fluir, flotar y dejar que el Universo asuma el control, sin deseo, sin desear una respuesta espec铆fica.
Y precisamente esto es lo que enloquece al ego ya que su supervivencia depende de tener respuestas que satisfagan sus deseos.
Solo cuando estoy demasiado preocupado por el resultado, mi ego alza su voz que causa interferencia con la voz interna.
No tenemos que librarnos por completo de nuestra ira, culpa y pensamientos de no perdonar, para empezar a o铆r nuestra voz interna. Es nuestra disposici贸n aunque sea parcial, a presentar nuestros problemas a nuestros gu铆a interno la que hace posible que nuestras percepciones equivocadas se corrijan
La palabra “dif铆cil” se basa en nuestras creencias pasadas de que hay l铆mites a nuestra capacidad de aprendizaje. Debemos confiar en nosotros, en nuestro gu铆a interno y adquirir cada vez m谩s confianza.
Nuestro ego es muy h谩bil en el modo de dise帽ar su supervivencia. Y un elemento esencial para dicha supervivencia es el miedo., ya que sin el dejar铆a de existir. El miedo se basa en la percepci贸n de que estamos siendo atacados.
Debemos abandonar las culpas, los juicios, los reproches y las condenas. Al hacerlo descubrimos que debemos aceptar la responsabilidad de nuestra libertad y nuestra felicidad puesto que lo 煤nicos que puede da帽arnos son nuestros pensamientos.
La mente dominada por el ego es muy terca y obstinada. El ego bloquea nuestra conciencia.
Cuando permitimos que la mente de nuestro ego se haga cargo de las situaciones, en lugar del yo verdadero, los celos y los sentimientos de posesi贸n nos consumen. Creemos que la persona a la que amamos nos est谩 causando dolor. El ego nos susurra que estamos experimentando dolor a causa de otra persona y que nuestra ira est谩 justificada. El ego nos ense帽a que no podemos confiar en nadie, ni en nosotros mismos.
Lleva un cierto tiempo reconocer que nadie puede hacernos da帽o salvo nosotros mismos. Son s贸lo nuestros pensamientos y actitudes las que nos causan da帽o. Luego la perdida de confianza y la decepci贸n son problemas personales e internos que proyectamos a los dem谩s. Esto nos hace m谩s responsables de todo cuanto nos sucede.
En el momento que queremos algo de otra persona le estamos dando el poder de hacernos da帽o.
Debemos estar dispuestos a abandonar las necesidades de nuestro ego y a verlas como lo que realmente son: ilusiones.
La mente de nuestro ego emplea t茅cnicas muy ingeniosas y sutiles para evitar que nos responsabilicemos de nuestros propios pensamientos. Nos alienta a hacer evaluaciones e interpretaciones de modo que podamos justificar el miedo y las percepciones de dolor y angustia; desea que tengamos dudas e incertidumbres.
No hay que subestimar el potencial de ego para alterar nuestra paz incluso cuando creemos que nuestras mentes est谩n centradas y libres de conflicto. Hay que tener cuidado del poder que tiene la mente centrada en el ego para interrumpir en nuestras vidas cuando menos lo esperamos.
El ego nos persuade a determinar a cuales personas debemos amar y a cuales no, seg煤n como act煤an o aparentan ser.
¿C贸mo podemos aprender a distinguir entre la voz del ego y la del Verdadero Ser? Ambas voces nos hablen todo el tiempo. La voz del ego suele ser seductoramente atractiva y bastante impositiva en sus argumentos l贸gicos. No hay pruebas objetivas que decidan concluyentemente cu谩l es cu谩l. La Voz de Dios es muy suavecita. Para hacer mas complicada la cosa, la voz de Dios a veces nos solicita conductas que son il贸gicas, contrarias a procesos intelectualizados, incluso que pueden parecer insanos. Entonces ¿Qu茅 hacer? ¿D贸nde y como aprendemos el arte de discernir?
El 煤nico consejo verdadero viene de la conciencia total, pero el ego puede simular la experiencia de ella y hacer ruido intentando neutralizar a la Verdadera Voz Interior.
¿C贸mo podemos estar seguros de escuchar el consejo de nuestra Voz Interior y no del ego? Para ello habr谩 que tener desarrollada la intuici贸n y haber aprendido a tener confianza en uno mismo. Por supuesto que esto no es f谩cil de obtener, pero tampoco un imposible. El conocimiento de la verdad debe ser cultivado en todos los seres humanos.
Si nuestras acciones, sentimientos y pensamientos est谩n alineados en el intento constante de la conciencia completa, es muy posible que nuestras acciones y consecuencias est茅n de acuerdo con la voluntad de Dios y no con el ego.
Este art铆culo esta basado, en su mayor parte en los conceptos del libro "Adios a la culpa" (La magia del perd贸n) de Gerald G. Jampolsky, en orientaciones recibidas y en mis vivencias.
Texto Extra铆do de http://www.elpoetamistico.blogspot.com/
El problema es que nos identificamos con nuestro ego y creemos que decidimos, pero es el qui茅n decide por nosotros. Y mientras estemos identificados con 茅l o con nuestro yo corporal y aceptamos que estamos limitados por lo que percibimos en el mundo f铆sico, no podemos experimentar nuestra verdadera realidad, nuestro yo espiritual.
Si estamos dispuestos a liberarnos de nuestro ego, entonces corregiremos nuestras percepciones.
A trav茅s de los ojos de ego creemos que Dios esta fuera de nosotros y que nos castiga por nuestros errores.
Podemos definir al ego como nuestro yo inferior o nuestra personalidad. Es parte de nuestra mente que est谩 separada o disociada de nuestra mente espiritual, que es la que contiene solamente los pensamientos amorosos de Dios.
El lema favorito del ego es “Busca que no encontrar谩s jam谩s lo que buscas”. Se preocupa por generarnos juicios condenatorios, pensamientos de ataque y defensa y es un maestro de la decepci贸n. Su objetivo principal es controlarlo todo y creer que as铆 todo est谩 bien.
Sus cimientos se hunden en la duda y en la incertidumbre, raz贸n por la que es ambiguo y ambivalente respecto a todo. Se caracteriza por la complejidad y por la confusi贸n en vez de por la sencillez.
El mundo del ego es un mundo de placer-dolor que para la mayor parte de nosotros, contiene mucho m谩s de dolor que de placer.
La separaci贸n es su juego, por lo que hay que pensar primero en uno, consiguiendo y acaparando todo lo que se pueda pretender.
Los celos, la posesividad y el rechazo forman el n煤cleo de su existencia. El ego no tiene la menor duda de que el centro del universo es 茅l.
Visto a trav茅s de los ojos del ego, mi identidad depende de las opiniones y juicios que los dem谩s tienen de m铆, al igual que lo que los juicios y opiniones que yo tengo sobre m铆 mismo. Mi identidad actual es vista como una prolongaci贸n de mi pasado.
La atracci贸n del ego por la culpa solo puede ser plenamente comprendida si se considera la naturaleza de la percepci贸n. Porque es el modo en que vemos el mundo que nos rodea el que determina nuestra forma de reaccionar ante el mismo. Y es nuestra percepci贸n la que nos dice lo que vemos, bas谩ndose en las interpretaciones y en las evaluaciones de lo que suministran nuestros sentidos. Cada uno de nosotros ve al mundo de manera diferente seg煤n cuales sean nuestras necesidades individuales, nuestros deseos, nuestras experiencias pasadas y nuestras creencias actuales.
Nuestras percepciones son en realidad proyecciones de pensamientos que se originan en nuestra propia mente. Puesto que siempre miramos hacia adentro antes de mirar hacia fuera, lo que vemos es nuestro propio estado mental que se refleja hacia el exterior.
La percepci贸n es una elecci贸n y no un hecho. Nuestras percepciones est谩n fragmentadas, solo vemos min煤sculas porciones de cualquier situaci贸n, y nunca la totalidad. Lo que creemos que es verdad solo es nuestra propia interpretaci贸n y evaluaci贸n de lo que percibimos. Y esto es lo que provoca dificultades y desacuerdos entre las personas.
Tenemos dos voces siempre ante cualquier curso a tomar. La voz del ego y la voz de nuestro profundo ser, ser verdadero, Dios, el maestro interno o como queramos llamarle. La voz del ego nos confunde, creemos que es la nuestra pero no lo es. Nuestra verdadera voz es la segunda y es menos audible por la invasi贸n del ego. Tenemos que relajarnos y buscarla un poco, y surgir谩, es m谩s del coraz贸n que de la mente. Una corazonada que debemos seguir.
Nuestro ego dispone de un buen conjunto de im谩genes mentales que se basan en nuestras percepciones pasadas de culpa y miedo que determinan lo que creemos que queremos en el momento presente.
Nuestro ego nos enga帽a haci茅ndonos creer que estamos tomando decisiones completamente nuevas cada d铆a, cuando en realidad en otro nivel nos dice que tengamos cuidado, que somos vulnerables y que las experiencias dolorosas del pasado pueden volver a repetirse.
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Para sobrevivir, el ego nos dice que tenemos que buscar en nosotros la culpa y en los dem谩s, y esta preocupaci贸n sobre quien es culpable y quien inocente es la base de nuestro proceso de toma de decisiones.
La proyecci贸n es el mecanismo mediante el cual rechazamos las responsabilidades y externalizamos los pensamientos o sentimientos que estamos experimentando, como la culpa, haciendo que alguien sea responsable de ellos. Ese alguien puedo ser nuestro c贸nyuge, un compa帽ero de trabajo, nuestros padres, nuestros hijos, el presidente, un inspector de cualquier cosa, o cualquiera que juegue un rol en nuestra vida.
Decimos que si ellos se hubieran comportado de otro modo, nosotros no tendr铆amos las dificultades que estamos teniendo.
Es un hecho psicol贸gico que cuando mantenemos la culpa tratamos de manejarla, ya sea atac谩ndonos a nosotros mismos (lo que se suele expresar en forma de s铆ntomas de depresi贸n o enfermedad f铆sica) o proyecci贸n de la culpa en los dem谩s.
Vivir atado a la culpa, que es generada por el ego, tiene entre otras las siguientes consecuencias:
- Hace que nos sintamos atacados.
- Justifica nuestros sentimientos de ira.
- Hace que nos sintamos deprimidos.
- Destruye nuestra sensaci贸n de paz.
- Hace que nos sintamos sin amor
-Destruye nuestra confianza y autoestima.
Todo esto ha sido experimentado por mi y reci茅n ahora me doy cuenta como funciona, como es el juego del ego que me ten铆a dominado y no me percataba. Decid铆a por m铆 y no lo sab铆a, pese a que alguien me lo dec铆a, no era conciente. ¿Ven que dif铆cil y sutil enemigo tenemos adentro?
S贸lo hay un ant铆doto conocido frente a la culpa: un perd贸n completo, comenzando por nosotros mismos y extendi茅ndolo a todos los que comparten el mundo con nosotros.
El ego mira al perd贸n de modo ambivalente. Nos aconsejo que perdonemos pero no olvidemos. La falta de perd贸n es la raz贸n de ser del ego. Contin煤a justificando que hagamos juicios condenatorios porque su supervivencia depende de que tengamos una creencia mas firme en la realidad de la culpa, que en la del perd贸n.
Descubro que la 煤nica manera de mantenerme en paz y feliz es mantenerme en el presente, perdonando. Esta vigilancia demuestra que el perd贸n es la llave para ver el mundo de manera diferente.
Perdonar es dejar pasar las cosas, dejar que el incidente pase. Hay que dejar de criticar y hacer reproches.
Tenemos que abandonar, soltar como lastre nuestros planes y dejar que Dios, el Universo o como queramos nombrarle, asuma el control. Todo nos sucede seg煤n un plan divino, y es el que debemos adaptar como el plan y no los nuestros.
Todo nos sucede de acuerdo a ese Plan y nos ense帽a una lecci贸n que debemos aprender.
Cada decisi贸n que nosotros hacemos en nuestra vida supone elegir a partir del sistema de pensamiento del ego o del sistema de pensamiento del amor.
Al ego le gusta aumentar nuestras dudas y su voz quiere ser escuchada primero.
Intenta convencernos de que no nos arriesguemos a escuchar la voluntad de Dios porque tal vez no nos guste la respuesta. Yo he experimentado este error muchas veces.
El juego de la incertidumbre y el miedo es el juego del ego.
Con frecuencia nos encontramos atrapados en la racionalizaci贸n de que ser铆amos felices si la voluntad de Dios coincidiera con la nuestra.
Esto quiere decir que ya s茅 la repuesta que deseo por lo que no preguntar茅.
Es otra trampa. Hay que fluir, flotar y dejar que el Universo asuma el control, sin deseo, sin desear una respuesta espec铆fica.
Y precisamente esto es lo que enloquece al ego ya que su supervivencia depende de tener respuestas que satisfagan sus deseos.
Solo cuando estoy demasiado preocupado por el resultado, mi ego alza su voz que causa interferencia con la voz interna.
No tenemos que librarnos por completo de nuestra ira, culpa y pensamientos de no perdonar, para empezar a o铆r nuestra voz interna. Es nuestra disposici贸n aunque sea parcial, a presentar nuestros problemas a nuestros gu铆a interno la que hace posible que nuestras percepciones equivocadas se corrijan
La palabra “dif铆cil” se basa en nuestras creencias pasadas de que hay l铆mites a nuestra capacidad de aprendizaje. Debemos confiar en nosotros, en nuestro gu铆a interno y adquirir cada vez m谩s confianza.
Nuestro ego es muy h谩bil en el modo de dise帽ar su supervivencia. Y un elemento esencial para dicha supervivencia es el miedo., ya que sin el dejar铆a de existir. El miedo se basa en la percepci贸n de que estamos siendo atacados.
Debemos abandonar las culpas, los juicios, los reproches y las condenas. Al hacerlo descubrimos que debemos aceptar la responsabilidad de nuestra libertad y nuestra felicidad puesto que lo 煤nicos que puede da帽arnos son nuestros pensamientos.
La mente dominada por el ego es muy terca y obstinada. El ego bloquea nuestra conciencia.
Cuando permitimos que la mente de nuestro ego se haga cargo de las situaciones, en lugar del yo verdadero, los celos y los sentimientos de posesi贸n nos consumen. Creemos que la persona a la que amamos nos est谩 causando dolor. El ego nos susurra que estamos experimentando dolor a causa de otra persona y que nuestra ira est谩 justificada. El ego nos ense帽a que no podemos confiar en nadie, ni en nosotros mismos.
Lleva un cierto tiempo reconocer que nadie puede hacernos da帽o salvo nosotros mismos. Son s贸lo nuestros pensamientos y actitudes las que nos causan da帽o. Luego la perdida de confianza y la decepci贸n son problemas personales e internos que proyectamos a los dem谩s. Esto nos hace m谩s responsables de todo cuanto nos sucede.
En el momento que queremos algo de otra persona le estamos dando el poder de hacernos da帽o.
Debemos estar dispuestos a abandonar las necesidades de nuestro ego y a verlas como lo que realmente son: ilusiones.
La mente de nuestro ego emplea t茅cnicas muy ingeniosas y sutiles para evitar que nos responsabilicemos de nuestros propios pensamientos. Nos alienta a hacer evaluaciones e interpretaciones de modo que podamos justificar el miedo y las percepciones de dolor y angustia; desea que tengamos dudas e incertidumbres.
No hay que subestimar el potencial de ego para alterar nuestra paz incluso cuando creemos que nuestras mentes est谩n centradas y libres de conflicto. Hay que tener cuidado del poder que tiene la mente centrada en el ego para interrumpir en nuestras vidas cuando menos lo esperamos.
El ego nos persuade a determinar a cuales personas debemos amar y a cuales no, seg煤n como act煤an o aparentan ser.
¿C贸mo podemos aprender a distinguir entre la voz del ego y la del Verdadero Ser? Ambas voces nos hablen todo el tiempo. La voz del ego suele ser seductoramente atractiva y bastante impositiva en sus argumentos l贸gicos. No hay pruebas objetivas que decidan concluyentemente cu谩l es cu谩l. La Voz de Dios es muy suavecita. Para hacer mas complicada la cosa, la voz de Dios a veces nos solicita conductas que son il贸gicas, contrarias a procesos intelectualizados, incluso que pueden parecer insanos. Entonces ¿Qu茅 hacer? ¿D贸nde y como aprendemos el arte de discernir?
El 煤nico consejo verdadero viene de la conciencia total, pero el ego puede simular la experiencia de ella y hacer ruido intentando neutralizar a la Verdadera Voz Interior.
¿C贸mo podemos estar seguros de escuchar el consejo de nuestra Voz Interior y no del ego? Para ello habr谩 que tener desarrollada la intuici贸n y haber aprendido a tener confianza en uno mismo. Por supuesto que esto no es f谩cil de obtener, pero tampoco un imposible. El conocimiento de la verdad debe ser cultivado en todos los seres humanos.
Si nuestras acciones, sentimientos y pensamientos est谩n alineados en el intento constante de la conciencia completa, es muy posible que nuestras acciones y consecuencias est茅n de acuerdo con la voluntad de Dios y no con el ego.
Este art铆culo esta basado, en su mayor parte en los conceptos del libro "Adios a la culpa" (La magia del perd贸n) de Gerald G. Jampolsky, en orientaciones recibidas y en mis vivencias.
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