¿Existe la mujer
especial?
"NO, no existe la mujer especial, tan solo existe la imagen que una persona se hace de otra, esto es debido a que las personas con grandes necesidades de ser amadas son propensas a idealizar a otros, de ahí, esa necesidad apremiante de que el amor sea para siempre, por ende, llevados por un cóctel químico tratan de hacer funcionar lo que es ilusorio a toda costa , y la razón de que no puedan sanar, es porque se vuelven adictos a esas emociones, por tanto mientras sigan enamorados a la idea del amor, que es la base de su adicción no podrán dejar de intentarlo una y otra vez con otras personas.Seguramente conocen millones de casos de personas que se comportan así, solo basta que se señalen a ustedes mismos, lamentablemente todo siempre ha sido una ilusión, no existe la mujer especial, como tampoco el hombre especial, ni el amor en estas cuestiones, tan solo procesos químicos que se producen en el cerebro, el cual se encarga de construir una imagen de la otra persona en base a las emociones de poca valía que contiene cada persona dentro de si misma.Claro que todo sucede inconscientemente, nadie se pone a pensar acerca de estas cuestiones, ya que dan por cierta la mierda que la sociedad puso en sus cabezas, pero es lo que hacen, pues las personas intentan darse valor a través de lo que le sacan a otras , donde sienten que si ganan a otros que consideran mas valiosos que ellos (de otro modo no los intentarían ganar) es como se crean la ilusión que entonces también ellos valen una maldita cosa, por esa razón, cuando lo pierden se sienten nada, porque sencillamente desde el inicio no se valoraban, no es que la otra persona no los valoro, ya que si se valoraban como dicen, no estarían tratando de ganar a nadie, asique,era inevitable que te traten para la mierda, que es la medida en que vos lo permitís, pues de eso que haces, y que llamas amor, enseñas miedo en lugar de confianza, obteniendo como resultado crudo e inevitable que te abandonen" EL MENTOR
No sabes muy bien cómo ocurre, pero un buen día, en el
acto más sencillo y mundano, acabas abriendo los ojos. Puede que lleves 5
meses o 5 años con una persona, pero de pronto, te das cuenta de cómo es en
realidad. Con toda su crudeza. Las
personas a veces, no son como creíamos…
Y es ahí donde se rompen muchos de tus sueños, ahí donde se escapan en finas hebras la mayoría de tus ilusiones y esperanzas. Porque has vivido con la máscara de la fascinación o de un amor ciego que te impedía apreciar la auténtica verdad.
Nadie puede conocer en profundidad a las personas. Requiere tiempo, complicidad e instantes claves que nos abren los ojos. Hasta que eso ocurre, muchas veces tendemos a idealizarlas o atribuirles dimensiones extraordinarias; pero poco a poco, van cayendo los velo.
Está claro que en ocasiones, sí que es cierto que las personas pueden cambiar. Nos cambian las circunstancias, las experiencias vividas… No obstante, todos nosotros disponemos de una esencia inconfundible, de un tipo de personalidad, integridad y valores que suelen ser constantes en el tiempo.
En nuestra mano está saber darnos cuenta a tiempo, saber leer en los gestos, saber intuir en las palabras, saber deducir en los actos. En ocasiones el amor es un mal filtro a la hora de ser objetivos, pero ello no quita que como siempre, debamos mantener el corazón abierto y los pies en el suelo.
Las personas no cambian, pero se enmascaran
Al principio todos nos esforzamos por encajar.
Son muchas las personas que por ejemplo, intentan
cuadrar sus aristas y vacíos particulares con los de sus parejas para que todo
sea armónico, perfecto casi…
Ahora bien, muchas de esas uniones se consiguen enmascarando o disimulando carencias propias. O más aún, mostrando virtudes que no son ciertas. Nosotros, por nuestra parte, vemos a la pareja como «un todo» casi idílico sin apreciar máscara alguna
Tarde o temprano aparece la primera decepción.
No sabemos cómo, ni entendemos cómo la otra persona ha
sido capaz de hacer o decir tal cosa, sin embargo, ha ocurrido y no podemos
hacer nada por cambiarlo.
Poco a poco van surgiendo esas situaciones tan reveladoras donde se pone a prueba a las personas.
Ahí donde se demuestra su verdadera esencia, su
auténtica personalidad.
¿Qué es lo que ha ocurrido? ¿Cómo pueden ser tan diferentes de cómo eran al principio a lo que estamos experimentando ahora? Debemos aceptarlo: no es que hayan cambiado de la noche a la mañana. En realidad, hay personas que no son como creíamos en un principio. Y el descubrimiento suele ser desolador.
Nuestra
resistencia a ver la verdad sobre las personas queridas
¿Cómo aceptar que la persona a quien queremos no es como pensábamos en un principio? Lo creas o no este tipo de situaciones son realidades muy comunes en el día a día, y de hecho no surgen solo a nivel de pareja. Ocurre también entre amistades e incluso entre muchos vínculos familiares.
Las personas no cambian de la noche a la mañana, ni tampoco suelen cambiar con el tiempo. En realidad, es el propio tiempo el que te permite ver la verdad.
No existe una fórmula mágica que nos permita ver al segundo cómo son en realidad las personas.
De hecho, muchas veces ni siquiera ellas lo saben. Se
necesita compartir momentos, experimentar vivencias para que sea la propia vida
quien saque a la luz las propias oscuridades y bellezas interiores. Ahora
bien, a pesar de ser complicado, hay una serie de aspectos que deberíamos tener
en cuenta:
Evita ser tú quien lleve una venda en los ojos
Si ya
es común que muchas personas vayan por los salones de la vida cubiertos por sus
propias máscaras de seducción virginal, no vale la pena que nosotros, vayamos
también con una venda en los ojos.
Evita
idealizar.
Saca
conclusiones a través de las palabras, de los actos, de los gestos y también de
los silencios. A una persona se la
conoce no por las pancartas que ella misma se corona, sino por los detalles que
tú mismo puedes intuir.
No esperes que cambien por ti
Este
es un error en el que muchos solemos caer. En ocasiones, puede ocurrir que
sepamos de antemano cómo es una persona. Conocemos sus defectos, sabemos que
puede hacernos daño… Sin embargo, nos
decimos aquello de «con nosotros va a ser diferente: cambiarán».
Y sin embargo no ocurre, no es frecuente que las personas lleguen a cambiar su forma de ser, sus costumbres, sus necesidades, sus matices. Seguiremos aguardando una espera inútil en la que se mina nuestra autoestima y nuestras esperanzas. Es algo peligroso.
Fuente: La Web
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